octubre 13, 2007

Un día de inicio intenso y al final un regalo que agradezco…

*:Alter - Focus:*

Un cambio de planes en mi agenda personal – que no suele darse muy seguido -, permutó el destino de mi existencia este viernes, de estar por más de una hora – por cuestiones de chamba, pues cubro la fuente de la Diócesis -, en una misa oficiada por el Obispo de Querétaro, salí posteriormente junto con mi amiga Angie, a recoger su coche al DF.

Con mi grabadora llena de las voces que este sábado salen publicadas en el periódico, salimos a la central de autobuses, una vez en el autobús, mi amiga se quedó dormida, mientras yo escribía las notas correspondientes, olía a calor semidesértico, el sol calentaba el asfalto.

A ratos los timbrazos del celular me alertaban de la responsabilidad de entregar el trabajo del día, estuviese donde sea, y otras voces calmaron la angustia momentánea que sentí desde la noche anterior, para hacerme explotar en energía sonrojada y entender que la tolerancia en la vida, es parte de la espera de las mejores cosas.

Los autos pasaban despavoridos, los vi de reojo a través de la venta, por la que me desearon felices paisajes por disfrutar. Llegamos a la entrada del estado de México, ni mi amiga, ni mucho menos yo sabíamos el destino del taller en donde le dieron mantenimiento a su auto, que hace un mes chocó en pleno periférico por distraída, el caso es que para aventurarnos, tomamos un camión, nada de taxis, los muy jijos querían cobrarnos 150 pesos por trasladarnos.

No era menor su cuantificación, la verdad es que si estaba alejado, es una colonia que divide al Edomex del DF, entonces si estaba algo lejos. Y como siempre me sucede, me quedé embelezada con la ciudad, recordé lo que una noche anterior platiqué con Roberto, “el DF está diseñada en proporción a la gente que la habita, es decir, hay mucho de todo” jajaja, ¿es obvio no?, pero comprobarlo fue realmente interesante.

El estrés de la gran metrópoli se sentía desde el chofer de la unidad en la que íbamos, a ratos el señor con cara de Samurai, parecía todo un maestre espiritual, es más, vibraba positivamente, pero nada más abría la boca, profería puras maldiciones a su puro estilo chilango, y manejaba raudo, seguro pero acelerado, debo reconocer que eso nos hizo llegar a tiempo.

Con varios imperfectos en las adecuaciones que hicieron en el taller al carro de mi amiga, salimos de ahí despavoridas a un ciber café, eran más de las 6 de la tarde, y para entonces la jefa – del periódico -, ya me había marcado a mi celular más de 3 ocasiones, para confirmarme, que no le habían llegado las notas, que por cierto, ni siquiera había escrito jajaja.

A unos 10 minutos del taller, encontramos un office depot, y al bajar del coche, un amable señor, me informó que nos venía siguiendo desde cuadras anteriores porque se estaba derramando “gruesamente” – como me dijo -, el líquido de frenos, pues dije ¡ORA SI QUE CHETTOS!, tenía un pie en mi memoria con las letras que tendría que plasmar en las notas informativas, que por horas habían estado en espera, y otro en la preocupación de que no podríamos regresar así a Querétaro.

Entré al ciber café, y en media hora mis dedos conjugaron los párrafos noticiosos, salí y ya estaban esperándonos 5 mecánicos del taller para custodiarnos de regreso a auscultar el motor… me vuelve a llamar mi jefa y me dice en tono alterado: ¡Ana, son las 6:40 de la tarde y no han llegado tus notas, las necesito a las 7!, por supuesto que no le importó que no tuviera líquido de frenos, así que esa no era una buena justificación,tenía que regresar a donde dejé mis notas, porque ni siquiera las pude mandar a mi correo. A esa hora el tráfico era intenso, sentí que me moría de nervios.

Al final, era una burbuja en el líquido de frenos, lo que provocó el derrame, y a las 7:04 pm, llegaron mis notas. Sin alimento en el estómago las dos, desde el desayuno, nos trasladamos hasta el DF, cerca de insurgentes a un “Sangrons” que está abierto las 24 horas, sin música nos trasladamos hasta ahí, porque a Angie se le olvidó la carátula del estéreo, así que saqué mi celular para degustar un par de canciones que llevo siempre conmigo y entonces cantamos, Tlatelolco nos escuchó jajaja.

Cerca de la prepa 9, nos esperaban las amigas de la infancia de Angie – Fabiola y Gaby -, llegó después otra, pero no recuerdo como se llama, y Estrella, otra amiga con la que trabajo acá… andaba hasta el zócalo, con un amigo que trabaja en el Excelsior y entonces empezó una charla amena, recordando historias del pasado, – la infancia que es para casi todas nosotras, el respiro que necesitábamos para purificar nuestra existencia -.

Los consejos, los recuerdos, la energía positiva, las risas, carcajadas que hacían que los comensales vecinos, nos voltearan a ver con cara de “YA CÁLLENLAS”, se prolongó casi hasta la 1:30 de la mañana.

Pero teníamos que regresar a casa – a Querétaro -, una rueda de prensa nos esperaba este sábado a las 9 de la mañana con Masones, no podíamos quedarnos, así que en una visita relámpago a la casa de Angie para recoger unos papeles, emprendimos el viaje de regreso, entre trailers, y algunos conductores histéricos… nos moríamos de sueño. o me dormí a ratos, pero despertaba para que no nos invadiera ese escenario, sobre todo a mi amiga que venía manejando.

4 de la mañana, llegamos al departamento, escuchando los sonidos a lo lejos, más sonámbulas que concientes, más relajadas que el viento que soplaba frío, pero suavemente… estas son las cosas de la vida que más disfruto… lo imprevisto, lo que no se planea, lo que llega como un regalo enorme que agradezco al universo.







Fotos: Ana Soria

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