
Hay corazones que no se encuentran, a pesar de lo cerca que puedan estar, la humedad del tiempo los difumina a su paso y los hace sentirse perdidos, justo en la nada, como en un desierto sin oasis, como un barco sin su ancla, como una veleta en un torbellino. Pero llega el momento en que se sienten de cerca, vibraciones al mismo ritmo que el nuestro, y entonces sin voltear si quiera a ese espacio, donde está postrado “el otro”, nos damos cuenta de que ahí está. Dicen que este es el tiempo en que los seres humanos concretaremos muchas cuestiones que están determinadas para nosotros – lo bueno y lo malo -, en la dinámica de lo que la propia existencia tenía ya preescrito en el libreto de nuestra historia, pero también es cierto que una vez con ese documento en mano, somos los actores quienes decidimos si esas escenas, son las que queremos actuar en el aquí y ahora.
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