Como todos los días, asomada a la ventana, justo desde la barra, después de haber hidratado el cuerpo con un baño de vapor aromático y una sesión de incienso acompañado por las melodías desgarradoras de radio head. Ahí, con la espesura iluminada, como todas las mañanas ofrece el escenario de los árboles, en medio de un camellón humedecido por donde las pisadas se dirigen a sus destinos cotidianos.
Respira, acompasando el ritmo del corazón al descubierto, degusta la transición del oxígeno desde los poros de su nariz, hasta liberar a los pulmones de las toxinas. Hace tiempo que las reminiscencias no son al presente, al menos de un mes hacia atrás.
Los dolores han comenzado a cesar, las proyecciones están hacia allá, hacia donde va, sin una dirección específica, simplemente como en los campos llenos de flores, recoge aquellos capullos de conocimiento que salen al paso, y los guarda en el costalito de la existencia, pero no tienen peso, más bien, a cada crepúsculo y cuando raya el alba, le permiten fluir entre la inexistencia de las cosas, y por las que ya están ahí.
Esa ventana, se ha convertido en la pantalla por donde inconscientemente se prepara para salir de su cápsula y de sus otros mundos – los libros -, en los que desborda su pensamiento en las noches, enletrándose, perdiéndose, riendo, analizando y relajándose de la alteridad el tiempo, para emprender el viaje hacia una realidad de la que no se siente parte.
1 comentario:
Floreces y eso es lo importante. Esta última vez que tuve la oportunidad de encontrarte en tu ambiente periodístico, te vi madura, flaquísima como nunca, sonriente como siempre pero con un brillo especial en el rostro y más intenso en la mirada del que regularmente te caracteriza del resto de los ojos que convivo. Vas hacia algo grande, eso es seguro chamaquita, sigue así, con ese ímpetu, liderando, cuestionando y proponiendo como siempre lo has hecho.
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