Los recuerdos del pasado, nada alejado de nuestra reminiscencia, nos regresa a los escenarios que presenciamos “juntos de la mano” – como decimos aun -, y parece que la gracia no cesa, nuestra risa fluye desde nuestro plexo central, hasta explotar en el retumbar de nuestra garganta.
Los ojos nos siguen brillando en los encuentros, y aunque no pudimos estar todos juntos, siempre hay la disposición – de la mayoría -, para enmielarnos cual muégano, del que no hemos querido desertar, a pesar de los años, las distancias, el tiempo y los cambios de vida que cada uno hemos tenido recientemente.
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