La estancia estaba helada, los ecos se intensificaban hasta balbucear frases en la nada, justo a la altura del cuello se percibían los zuzurros.
Al voltear nada, la oscuridad sombreaba algunas figuras no conocidas.
Se trasladaron al espacio onírico como quimeras, le provocaron un vacío en el pecho, pues al despertar, encontró su brazo derecho oprimiéndolo a manera de abrazo.
Pero cuando sus ojos voltearon a su derecha, reencontró unos algodones en la ventana del cosmos, la plantaron en la realidad.
Los inciensos difuminándose entre el vaho, la perfurmaron en preparación al vuelo diario, en la habitación donde dicen que se encuentra la realidad, que concibe tan incongruente, tan inesperada, tan decadente, tan llena de ruidos estridentes y también armónicos.
Fotos: Ana Soria
1 comentario:
Esa si que es una ventana al cielo. ¿Es en tu nueva casa?
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