Allá afuera la ciudad es una locura. Las avenidas están cansadas del tráfico a vuelta de rueda, y las manos de los conductores no cesan de tocar su frente desesperados, han armado una sinfonía de claxon en sol mayor, aunque el crepúsculo ha comenzado a disolver los tonos azulados del cielo. Nos observa impávido, no comprende la diferencia de su soledad en las alturas, cuestiona al misticismo: ¿no que como arriba es abajo?. No se ha dado cuenta que las aves alborotadas no encuentran paso a su hábitat, son cada vez más los días en que se sienten invadidas por concreto a escala. Allá afuera huele distinto, a urbanidad asfaltada, a cansancio extremo. Alisto mis alas para olvidarme de esta capital y encontrarme en el laberinto del desierto de Wadley, quizás ahí fue donde me olvidé la última vez.febrero 13, 2009
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Allá afuera la ciudad es una locura. Las avenidas están cansadas del tráfico a vuelta de rueda, y las manos de los conductores no cesan de tocar su frente desesperados, han armado una sinfonía de claxon en sol mayor, aunque el crepúsculo ha comenzado a disolver los tonos azulados del cielo. Nos observa impávido, no comprende la diferencia de su soledad en las alturas, cuestiona al misticismo: ¿no que como arriba es abajo?. No se ha dado cuenta que las aves alborotadas no encuentran paso a su hábitat, son cada vez más los días en que se sienten invadidas por concreto a escala. Allá afuera huele distinto, a urbanidad asfaltada, a cansancio extremo. Alisto mis alas para olvidarme de esta capital y encontrarme en el laberinto del desierto de Wadley, quizás ahí fue donde me olvidé la última vez.
Allá afuera la ciudad es una locura. Las avenidas están cansadas del tráfico a vuelta de rueda, y las manos de los conductores no cesan de tocar su frente desesperados, han armado una sinfonía de claxon en sol mayor, aunque el crepúsculo ha comenzado a disolver los tonos azulados del cielo. Nos observa impávido, no comprende la diferencia de su soledad en las alturas, cuestiona al misticismo: ¿no que como arriba es abajo?. No se ha dado cuenta que las aves alborotadas no encuentran paso a su hábitat, son cada vez más los días en que se sienten invadidas por concreto a escala. Allá afuera huele distinto, a urbanidad asfaltada, a cansancio extremo. Alisto mis alas para olvidarme de esta capital y encontrarme en el laberinto del desierto de Wadley, quizás ahí fue donde me olvidé la última vez.
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1 comentario:
Hola muñequita, justo era que ya te salieras de las cuatro paredes de esa redacción. Eso deberías hacer más seguido, así que espero que pronto tomes nuevamente las tizas y el pincel para ponernos a pintar, y también a tomar fotos. Me mandas las que tomaste en real de catorce y luego las pasamos del color al blanco y negro. Me debes un té, no te hagas. Viene Anthony Pappa a Querétaro, ya te mandé el flyer.
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