Disfruto enormemente mis labores profesionales – aunque con sus detalles que a veces me hacen refunfuñar más de una vez -, pero esos momentos de tranquilidad esporádicos que suelo tener, los degusto a cada respiro.
Esta noche – en las fotos -, pasé junto con mi amiga Estrella, a buscar un libro que no encontramos porque las librerías a las 9 de la noche – en esta ciudad -, ya estaban cerradas. Pero nos quedamos del otro lado del cristal, con las ganas de tocar y olfaterar las hojas con sus letras.
En el recorrido por el Centro Histórico de la capital, observé unos departamentos que están en proceso de re construcción, - cerca del Teatro de la República -. Me dieron ganar de vivir ahí alguna vez, si es que mi economía me lo permite, pero sobre todo el tiempo, con las mutaciones que representan en mi existencia.
Más adelante, en el andador independencia, decidimos subir a este edificio que también tiene departamentos pequeños. Periodistas teníamos que ser, terminamos en la azotea, sin permiso de nadie, sólo vimos la puerta abierta y nos metimos jajaja, no hasta la cocina, pero si hasta el último piso, a través de unas escaleras angostas y de escalones cortos, hasta arriba, casi para tocar el manto estelar.
Luces a lo lejos que demuestran como ha crecido, con sus ruidos, sus aromas, su vibración aún de tranquilidad. Casi para extender mis alas y volar, ¿hacia donde?, no lo sé, sólo pensaba en dejarme llevar, pero mi consciencia me advertía que estaba incurriendo en “allanamiento de morada” jajaja y entonces bajé, rauda, hasta la puerta que se enteró de mi entrada clandestina.
Seguí por los adoquines y entonces regresé a la realidad…
Fotos: Ana Soria
3 comentarios:
Qué padres fotos. Es una pena que no conozca yo por allá. Espero ir algún día.
hola...
eso dónde es?
He estado dando vueltas en los blogs y lleguéal tuyo.. espeor puedas darte una vuelta por el mio.. me gusto el fragmnto de jodorowsky.. salió este mes en R&B...
TE MANDO UN SALUDO..
VITROLERO.
¡Qué fotos tan preciosas! Extraño mucho Querétaro, gracias por tu narración y tus imágenes. Ya me imagino la emoción de andar allanando moradas, pero valió la pena.
Un abrazo.
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