agosto 18, 2007

La impermanencia …

*:Alter - Focus:*

Estoy aquí ahora, mañana no sé”. Entender que “nada es para siempre”, es dar un paso hacia la tranquilidad, sin embargo, no es un “mandamiento de vida”. Sufrimos cuando pensamos que el proceso de la vida implica reconocer en el “apego”, aquello con lo que creemos que somos felices. Sin embargo, quien entiende que no es así, trasciende.

El Dhamma – la enseñanza de Buddha -, habla de la “impermanencia de las cosas”, y de cómo es, que el ser humano para encontrar el tesoro de la vida, debe ver hacia sí mismo, porque en su interior, están las grandes cosas que verá reflejadas hacia sí, a través del “otro”. No está en lo material, por eso no encontramos la esencia del SER, en los estantes de los centros comerciales.

Los escenarios por los que hemos transitado en este “mundo acelerado”, nos dan el parámetro para entender “que así son las cosas”, y no con un reconocimiento de “conformidad – mediocre”, sino de entendimiento “racional – consciente”.

No todo está bajo control del hombre, la naturaleza nos lo demuestra todos los días. Los capítulos que vamos encontrando en el camino, se van conformando y se concretan en lo siguiente, dependiendo de cómo actuemos en el presente.

No hace falta ser adivinos, brujos o grandes iluminados, es algo que sí aprendemos desde pequeños. Si vamos hacia las palabras religiosas: “con la vara que midas, serás medido”, “se siembra lo que se cosecha". Si atendemos a los argumentos
metafísicos: “toda causa, tiene un efecto”, “toda acción tiene una reacción”. En los científico – biológicos: “naces, te desarrollas, te reproduces y mueres”, o “todo principio tiene un fin”.

No es fácil desapegarnos de nuestros seres queridos, ni mucho menos entender porque no obtenemos lo que deseamos, cuando hemos hecho todo – en algunos casos – por obtenerlo. Las respuestas parecen no acercarse a la que tenemos preconcebida, pero como dicen los grandes maestres espirituales, “por alguna razón sucede o no sucede”.

El mundo cambia a cada instante y nosotros mutamos también con él… lo aprendido y conservado en nuestro “chip memórico” depende de nosotros y de cómo querramos que nos afecte o nos nutra la experiencia y el alma en lo que a continuación veremos detrás del telón, para el siguiente acto.






Fotos: Ana Soria
Una tarde en el Museo Regional de Santiago de Querétaro, Qro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

achis! esta es una reflexión muy fuerte Anie. Pero tiene razón, los seres humanos somos tan aprehensivos que no disfrutamos lo que tenemos por estar pensando en no pederlo. Llena de luz como siempre. no te pierdas, hace mucho que ya no te veo.