Gritos ahogados, entre el viento helado del invierno,
que se aproxima a su fin,
como el fuego quemando las entrañas,
silencioso, agudo, invisible,
consume todo el SER, imprevisto,
como cuando las moscas son aplastadas
o devoradas por un depredador.
Somos nada,
aunque creamos lo contrario,
nada somos,
terminaremos siendo polvo,
y simplemente olvidados.
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