Todas las mañanas buscaba en el neceser, el colorete oscuro y pálido, como eran sus determinaciones extremistas, no tenía espacios para “las medias tintas”, siempre pensaba en ese orden matemático.
Y así, pasaba buscando su rostro en el espejo de los ojos ajenos, a quienes mimetizaba sus sonrisas, los suspiros, las lágrimas encerradas, e incluso hasta los enojos que estallaban en cada poro de sus facciones sonrosadas.
Por la mañana, el tono pálido se había evaporado, pensó que era una mala jugada del destino, pues en sus cálculos lineales, estimó por la noche mientras retiraba la máscara cotidiana de espaldas al espejo de los lamentos, que sobraba lo suficiente para el día siguiente.
Temía salir con su rostro limpio. Le aterraban las miradas juzgadoras-escrutadoras, pero no había más. No podía oscurecerse con la tinta que había, perdería su luz. Lo pensó. Salió y cuando se vio en el cristal del auto estacionado al frente de su refugio, encontró al mutante que a diario escondía. Se alegró y olvidó el rumbo que llevaba. Caminó sin regreso.
Mientras escucho Ice Cream Man de Tom Waits, una buena canción que mi primo Maki incluyó a mi nuevo set de sonidos en mi Ipod. Armonías que me acompañarán en mis largas caminatas por la cuna de la Independencia.
Y así, pasaba buscando su rostro en el espejo de los ojos ajenos, a quienes mimetizaba sus sonrisas, los suspiros, las lágrimas encerradas, e incluso hasta los enojos que estallaban en cada poro de sus facciones sonrosadas.Por la mañana, el tono pálido se había evaporado, pensó que era una mala jugada del destino, pues en sus cálculos lineales, estimó por la noche mientras retiraba la máscara cotidiana de espaldas al espejo de los lamentos, que sobraba lo suficiente para el día siguiente.
Temía salir con su rostro limpio. Le aterraban las miradas juzgadoras-escrutadoras, pero no había más. No podía oscurecerse con la tinta que había, perdería su luz. Lo pensó. Salió y cuando se vio en el cristal del auto estacionado al frente de su refugio, encontró al mutante que a diario escondía. Se alegró y olvidó el rumbo que llevaba. Caminó sin regreso.
Mientras escucho Ice Cream Man de Tom Waits, una buena canción que mi primo Maki incluyó a mi nuevo set de sonidos en mi Ipod. Armonías que me acompañarán en mis largas caminatas por la cuna de la Independencia.
1 comentario:
hey, me gustó!, tiene alma
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