junio 06, 2008

Leyes que no se cumplen para periodistas…

*:Alter - Focus:*

Columna Sin reticencias
Publicada en El Periódico El Corregidor
Junio 06, 2008

Por Ana Soria

Nada que festejar, eso es lo que ha pasado por mi cabeza en los días previos a la conmemoración en México de la “libertad de expresión”, una noción compuesta que adjudican directamente a los medios de comunicación.

Pero aclaremos conceptos, la libertad de expresión la tenemos garantizada todos, ¡faltaba más!, es un derecho humano que se establece en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, también en las Cartas Magnas de los países con “sistemas democráticos”.

Sin embargo, es distinto a lo que se define como “libertad de prensa”, ahí las condiciones son distintas, sobre todo cuando se trata de permitir que nuestras letras vuelen para decir verdades que no a todos los actores gustan, a pesar de que en el artículo 7º de la Constitución Mexicana se advierta que nadie puede, ni debe impedirlo.

“Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia. Ninguna ley, ni autoridad puede establecer la previa censura, ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no tiene más límites que el respeto a la vida privada, a la moral, a la paz pública”.

Pero quizás este artículo como muchos otros, no ha quedado claro, porque simplemente no se cumple, no, en la realidad de los periodistas, que ni siquiera como concepto existimos en la legislación mexicana.

Etimológicamente, los periodistas somos las personas que componemos, escribimos, editamos un periódico, o presentamos noticias. No estamos considerados como profesionales en la materia, lo cuál nos deja en desventaja para la práctica, considerada como de alto riesgo a nivel mundial.

Las condicionantes del poder hegemónico sobre las empresas de comunicación, implican el perfil de la información, una incursión que puede parecer mínima, pero que aniquila el principio de libertad.

No hace falta decir más…

En un seminario que impartió la Fiscalía Especializada en delitos contra periodistas en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ, se hizo hincapié en que “ninguna noticia vale la vida”, esto, ante la ola de violencia que se ha generalizado en el país, con el combate a la delincuencia organizada.

En ese sentido, los periodistas conocemos los límites, de hecho, son recomendaciones que recibimos de nuestros superiores, lo cuál no significa que deba aplicarse en todos los casos. Sabemos que México está ubicado en la segunda posición como país en donde ejercer el periodismo es de alto riesgo.

Un estado que palpo “en algunos” colegas, quienes a pesar de las consignas para no investigar cierta “información”, salen con la pasión diaria a buscar las pruebas para comprobar su dicho, y se arriesgan, a veces presintiendo que su información no será publicada, pero la profesión llama a cumplir éticamente.

Me quedó en este sentido, con la visión de Anthony Giddens en su libro “Un Mundo Desbocado”, cuando hace referencia “al riesgo”, no como el resultado de “amenaza o peligro”, sino como esa posibilidad romántica de la osadía, para analizar y rebelar el presente en relación con las posibilidades futuras.

Como él lo dice: “la idea de riesgo supone una sociedad que trata activamente de romper con su pasado”, de encaminarse hacia la evolución de los espacios que realmente sean libres para la exposición de las ideas de los hechos que trascienden en la historia.

Esto – creemos -, algún día tiene que cambiar, aunque quizás no nos toque vivirlo…

Levantarse todos los días con esta idea, no es sencillo, sobre todo por los obstáculos y tropiezos diarios que implican los “estira y afloja” entre el poder y los medios, pero la pasión de los verdaderos periodistas, no los hace quitar el dedo del renglón.

A ellos dedico estas cortas letras, para rememorar escribiendo, lo que compartimos en ese lugar que llamamos “la trinchera”, en la que caemos y volvemos a levantarnos, desde donde gritamos en silencio, todo aquello que callamos y a pesar de ello, abrimos los ojos con la necesidad de esa adrenalina noticiosa.

Aunque les parezca increíble, practicamos a diario tres principios metafísicos: sabemos querer, sabemos osar y sabemos callar en nuestra profesión, pero también queremos saber, queremos osar, queremos callar; osamos el saber, osamos el querer, osamos el callar; callamos el saber, callamos el querer y callamos el osar.

Creo que en algún momento, los periodistas seremos verdaderamente libres… por algo nos dicen idealistas

Nos leemos en la siguiente…

Comentarios: anna_sori@hotmail.com

1 comentario:

Anónimo dijo...

Inchi prima, cuando escribes con el corazón, no hay manera de no leerte. Este es el perfil de columna que más te va, se nota fresca, muy tú. Que lamentable que no haya nada que festejar para los periodistas, porque si todos se entregan en la medida en que lo ha visto en ti, que es la referencia más cercana que tengo, entonces, deberían estar en un grado más elevado, aunque como dices, el servicio es lo in en tu área. Un abrazote para ti, yo si quiero festejar esa entrega que te aparte de todo, pero como también me has dicho, todo tiene su costo.