Esa noche, su cuerpo inerte se tendió entre las sábanas de franela que arropan sus vivencias oníricas, en este invierno que cala hasta el núcleo de sus células óseas. En la profundidad de ese espacio, sintió que sucumbió a la vida. En la serenidad de un fulgor, la esperaban otras luces destellantes, cuyo rostro no podía identificar por la intensidad del color.Olía la humedad indescriptible, un aroma entre el copal y a la tierra cuando comienza a humedecerse con las gotas de lluvia. Se dejaba abrazar por esos entes celestiales que le daban la bienvenida.
Al pie de una nube, observó la danza de los mortales del planeta que respiros atrás le habían despedido. La existencia en esa esfera continuaba sin la suya, se dio cuenta que nadie se enteró de su ausencia física. De pronto, una mano derecha se posó en su omóplato izquierdo, y sin ver, recordó la vibración y el calor que emitía esa palma.
Sin voltear, cerró sus ojos y su memoria fotográfica, la hizo retornar a su infancia, cuando la felicidad le pertenecía. Sin abrir sus párpados, giro sobre su mismo eje hacia atrás, extendió sus brazos, su torso fue envuelto por unas alas y sintió alivio, era su hermana que vio partir cientos de días atrás.
Al oído le sopló consejos de la vida a la que debía regresar, la que debe comerse en respiros, a pesar de cualquier circunstancia antagónica: “yo no puedo regresar, y tú no puedes quedarte aquí, aún formas parte de ese orbe que observaste bajo tus pies”.Le pidió que se sentara en la nube, - continuaba con los ojos cerrados que se enjuagaban en lágrimas -, así lo hizo, y entonces, como cuando infante, tomó su cabello y le peinó.
Le abrazó nuevamente y le dijo: “vuelve”, exhaló...
Al abrir los ojos, despertó a su realidad. Se levantó de su cama cálida, purificó su cuerpo entre agua y vapor de incienso, se peinó exactamente como lo hizo su hermana, se colgó al cuerpo la misma ropa que portó en su sueño... se fortaleció.
La semana comienza intensa…
1 comentario:
me tenías castigada sin este tipo de relatos que llegan a la médula. Te sigo leyendo guereja, no te desaparezcas tanto, sino si te voy a creer que eres gasper.
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