Jorge de 6 años, originario de Santiago Mexquitilán, con residencia en Encarnación Cabrera, una de las zonas de pernocta de la capital queretana.Con los piecitos empolvados, corría en la acera contigua a la parada del camión, pedía un peso a quien se encontraba al paso, mientras que los moquillos líquidos salían de su nariz, hasta encontrarse con su lengua.
Ojos oscuros, profundos al mirar, su piel trastocada por el sol y la humedad de su sudor, desprendía un aroma característico de los infantes cuando salen a jugar por horas, aunque en él, era aún más intenso.
Guardaba las pocas monedas que le daban en su bolsa delantera de la sudadera, de esas prendas que el ejecutivo estatal ha regalado en la temporada de frío, donde se dice que “Querétaro es mejor”, lo cual resulta contradictorio en Jorge.
Llevaba como 15 minutos observándolo, sentada en una banqueta en contra esquina a esta zona en donde duermen por lo menos 50 personas – entre niños y adultos -, cuando a escasas dos cuadras está un albergue.

Este pequeñín me vio, fue hacia mi y me pidió la cuota:
* ¿Me regalas un peso?.
- No tengo pequeño. ¿Cómo te llamas?. No es que sea una tacaña, pero en nada le ayudaría con darle unas monedas -.
* Jorge
- ¿Cuántos años tienes? -.
* Seis
- ¿Vas a la escuela? -.
* No
- ¿Y te gustaría? -.
* Si, pero no puedo, tengo que pedir dinero.
- ¿Cómo?. ¿En donde pides dinero?. ¿A qué hora juegas? -.
* Allá – me señaló rumbo al crucero de Constituyentes y Pasteur -. Puedo jugar ahí – dirigió su índice al centro educativo y cultural Manuel Gómez Morín -, cuando termino de pedir y me dejan entrar a donde están las computadoras.
- Le sonreí cuando me dijo el concepto cibernético y le cuestioné: ¿sabes utilizar la computadora? -.
* No.
- ¿Y te gustaría? -.
* Sí – brincó y junto las palmas de sus manos a manera de aplauso, estaba emocionado, pero me cambio la conversación -. ¿Me invitas unos tacos?.
- Yo hice lo mismo, no podía caer en el juego de la mamá que nos observaba a menos de un metro de distancia. Y entonces le dije: Jorge, dile a tu mami que por las mañanas te puede llevar a un lugar en donde te pueden cuidar. Ahí podrás jugar con otros niños y desayunar muy rico, hay juegos y médicos que te pueden revisar, está cerca de los arcos, ojalá y quiera -.* ¿Dónde trabajas? – me preguntó -.
- Cerca de aquí, como a dos cuadras, en un periódico -.
* ¿Y tienes una computadora? – sonreía -.
- Sí, cuando quieras puedes ir a visitarme. Ahora me tengo que ir peque -.
Esa fue la última vez que lo vi. No ha venido, pero sé que lo hará…
Y como esta historia, infinidad de ellas en los cruceros y en la zona periférica de la ciudad y no sé donde más, tan sólo de pensarlo se me hace un nudo en el estómago de enojo, porque a pesar de estar considerado en la constitución política de México en su artículo tercero, la educación no es una realidad para muchos niños, lo que les deja en el margen de crear otras expectativas de vida, y lo peor, a los infantes que trabajan, les resta la oportunidad de vivir lo que a esa edad les corresponde.
¿Qué aquí todo es mejor?… necesito que alguien me explique ¿en donde caraaaaaaajos?…
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