Acostumbrada a caminar por las calles y casi todos los lugares que visito, este día me llevé la sorpresa de mi vida, considerando que es la primera vez que entro sola a la zona militar de mi ciudad para hacerle una entrevista al General a cargo, me tope con un enrejado verde y detrás a un “soldado” que cuestionaba mi presencia frente a la puerta que resguardaba, entonces me identifiqué – cosa que no hago por lo regular – y le dije que tenía una cita para hacer mi trabajo, entonces lo corroboró y me dejó pasar, pero primero tuve que registrarme y dejar una identificación.
Luego, un oficial me acompañó hasta el cuartel general, sólo me daba indicaciones no verbales, situación que me hizo sentir indigna de una sola atención directa, de hecho, no me atrevía a voltear a verlo – cosa que no me pasa -, pero no me podía quedar con la duda de ver quien era, y entonces cuando lo miré, me di cuenta de que su vista permanecía fija hacia el camino de destino, siempre erguido, y saludando con un toque de su mano en la frente, a sus superiores que pasaban por ahí, sus botas lustrosas caminaban firmes. Me dejó dos escalones antes de la entrada y bueno, libremente “iba a pasarme”, pero de repente me bloqueo otro oficial de frente y con la pregunta “¿a dónde va?”, volví a dar la justificación inicial – debí haberla grabado y ponerle el audio jajaja - y entonces hubo otro protocolo entre los militares vía telefónica antes de dejarme pasar hasta la oficina principal.

10 minutos después de rondar por la sala de espera donde tiene expuestas armas y fotografías de Generales y sentir las miradas que extrañadas veían – me supongo – a una mujer por ahí, por fin pude entrar, a mi paso llegué a otra sala en donde todos trabajaban como en la guerra – apresurados, llenos de papeles y sin quitar su atención de esa labor – por lo que no contestaron a mi saludo, a esa hora por el estrés que comenzó a invadirme por tal situación de hermetismo, ya no sabía si eran días o tardes.
Llegué a la oficina del General y entonces comencé con mis cuestionamientos, sólo veía que con cada uno, sus ojos se abrían más y más, me supongo que porque no quería responderme, pero no dejé que me intimidara su atuendo verde camuflajeado y su dureza y frialdad en el rostro, lo vi siempre de frente, aunque no pude evitar ser yo, sonreír y hacer comentarios y preguntas fuera del tono formal, se me olvidaba que dentro del enrejado verde, todo es seriedad que no creo tolerar por mucho tiempo, así que él se quedaba pasmado sin hacer más expresión que la de sus ojos y la gesticulación cuando respondía.
Cuando me acompañó otro oficial a la salida, le dije que me abrumaba su disciplina y en la mente también dije “y su forma tan cuadrada de ser”, y creo que no le gustó nada jajaja, así que ya mejor escruté a mi alrededor en verde… Total, tuve lo necesario para hacer la nota correspondiente. Cuando pise el asfalto fuera del campo militar, sentí que respiraba fluidamente y que mis alas de mariposa histérica se extendieron nuevamente para volar hacia donde me venía en gana y reírme libremente de todo lo que me pareciera gracioso… cuando llegué a la redacción del periódico y les conté, la experiencia les causó mucha risa a mis jefes y mis compañeros de la empresa, al menos eso me alivió más el día.
1 comentario:
Tienes razón Anie, los militares tienen una forma rigida de ser, pero ademas son sexistas y el hecho de que una mujer vaya a preguntarles cosas que hasta cierto punto son reservadas pues complica mucho más la situación, además conociéndote como sin tapujos enfrentas tu chamba, pues es una actitud que puedo decir que no están acostumbrados a enfrentar, pero bueno salio la información para tu nota y eso es lo importante.
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