El arrepentimiento de haber degustado unas cuantas copas durante la noche que se evaporaron hasta el amanecer. Jurar ante un Dios que se convertirá en abstemio, que cambiará, lleva años diciendo lo mismo, pero las botellas de vino se extienden hacia él como abrazos cálidos para una noche helada. Se deja llevar pensando que será sólo un trago y tras el primero los que sean necesarios, hasta la última gota... La señora de los tamales en la esquina, le observa incrédula y con una sonrisa sarcástica, se mofa de que esa promesa de todos los alcohólicos es incumplible - su esposo lo ha dicho siempre, pero no lo ha hecho -.Esta es una historia ficticia que talle en la memoria cuando ví a este hombre sentado en las escaleras de la iglesia que está cerca de mi casa, iba saliendo despavorida - como es costumbre - a trabajar, pero esos brazos extendido y las lágrimas en su rostro me captaron, me quedé parada casi a media Avenida, me di cuenta porque comencé a escuchar los claxon de los autos que iban a arrollarme sin que me percatara... luego vi lo que rodeaba la escena, no era la única que lo observaba.
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