A pesar de la calidez de la primavera, ese día el viento acariciaba mi piel hasta detrás de la nuca, y terminaba en mis pantorrillas al fin liberadas. Caminar kilómetros al observar no se siente, cuando la atención nos hace recordar de donde venimos y quizás, hacia donde vamos.
En esa ciudad que parece la eterna espera
Ese día reconfirme a un país lleno de historia, a pesar de sus grandes males, aún sigue escribiendolas. Tal vez no puedan creerlas las generaciones que no veremos y que solo nos leerán a través de una diminuta lap, si es que llegamos a ser un personaje destacado.
Extranjeros subían y bajaban las escalinatas llenas de ecos de pasos-pasados, con los ojos iluminados de la impresión de enterarse que México está más allá de un águila devorando a una serpiente posando sobre un nopal, o de los mexicanos con taparrabos y grandes sombreros para cubrirse el sol mientras aran la tierra.
Y a nosotros los de la sangre más roja que verde o blanca, nos reconfirma la lucha a la que estamos responsabilizados para continuar no sólo agregando letras al libro de historia, sino para transformar eso que vemos y que no nos gusta.
Nada es sencillo,
¿quién dijo que vivir es un deleite?. No es queja, es una realidad que se palpa a cada segundo que nos hacemos no sé si más viejos, sabios o más soberbios. Eso depende de cada persona y eso mismo hace su camino para lo que sigue.
Benito Juárez, según los escritos, es uno de los masones-políticos más destacados, más puros en su raza y de los más inteligentes. Exquisitamente liberal, siempre en la lucha por la igualdad, libertad, legalidad y la democracia, a pesar de toparse con escenarios complejos, nada lo detuvo.
Nadie hará nada por nosotros, si no damos el primer paso para avanzar, parafraseo a Juárez. Me he he convertido tardíamente en fan jajaja, pero es cierto, me agrada, me simpatiza y me atraería mucho platicar con él, si es que todavía siguiera en esas salas en donde sus tertulias.
¿Acaso este tiempo es el de los mentecatos? ¿De aquellos que no tienen fondo, sólo forma? ¿De los insensible e irracionales? ¿De los majaderos y descarados? ¿De quienes no se asumen parte de nada más que de sí mismo, aunque su volatilidad los destruya?.
¿Qué tiempo es éste que no entiendo, no comprendo y sí menosprecio? ¿Ese transcurso me desdeña a mí también?.
Hoy, ¡huy!, acabo de ver en el reloj y ya es ayer. No fue un día alentador, me duele un poco el alma, me arden más mis brazos, nariz y mejillas de tantas horas bajo los abrazos del sol. En momentos en que mi tristopatía se aferra a mis ganas, el piano es el sonido que me desintegra y luego quiero pensar que me rescata. Les dejo a Ralph Zurmuhle con The Horizon.
Fotos: Ana Soria
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