abril 04, 2008

Entre sus alas…

*:Alter - Focus:*

Recuerdo este día. Uno de hace varios antaño, después de un rave en Guanajuato entre los túneles de la ciudad, enrumbamos las ruedas mi primo Maki, varios amig@s y yo, todavía con los beats circulando por nuestras venas, hacia la casa de la abuela.

Sabíamos que a la hora de esa mañana que comenzaba a asomar los primeros rayos del sol, ella se encontraba en la cocina preparando el desayuno. Vaya mujer tradicional y de fuerte carácter, con el mandil en el pecho, amarrado a su cintura y cuello.

Limpia, tanto que su trenza canosa y con cada cabello en su lugar, le daba un tono plateado durante su movimiento de la mesa donde picaba la cebollas y el jitomate, a la estufa donde se guisaban los alimentos, que al olfato eran ya un deleite.

Lo más exquisito, era su sonrisa amplia y esos ojos pequeños con los que a pesar de su edad, bordaba las carpetas más elaboradas de ese pueblo, y a pesar del cansancio, su carácter era tan claro, que no omitía las verdades, a pesar de los dolores que pudiese causar.

Su mesa siempre tenía un espacio para alguien más, y sus manos las fuerzas suficientes para seguir formando sus deliciosas tortillas especiales para sus nietos. Esa abuela mía, a la que escribía todo aquello que se me ocurría.

Un ser tan lleno de encanto que conquistaba a cualquiera, mis amigos decían que era la novia perfecta, para mí, ES la abuela experta, paciente, sonriente, contenta, conciente y siempre alerta.

Estas fotografías son de aquel momento en que todavía pudimos abrazarla en masivo y escuchar su felicidad de cerca a nuestros oídos, ahora la escuchamos entre los ecos del viento.

Este fin de semana estaré nuevamente bajo ese cielo esplendoroso y de clima cálido, mis familiares y yo, la recordaremos exactamente igual que cuando su presencia era como el perfume más agradable.






Fotos: Ana Soria – Gracias Maki por recuperarlas -.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Creo que de las personas que más extraño son mis abuelas. No puedo olvidar todos sus consejos y su disponibilidad para cuidar de su nieto. La cocina era lo mejor de ambas, tantos años de experiencia, tantos conocimientos en el fino arte de cocina mexicana, y tanta disposición para hacer todo esa comida en las reuniones familiares. No recuerdo una sola ocasión en la que estuvieran enojadas, siempre tenían sonrisas para compartir.

Por cierto.. me cambie a blogger...

Caminante dijo...

Que bonito post, un abrazo.

Anónimo dijo...

Me conmoviste zonza, lo logras cada vez que desbordas sentimientos en lo que escribes, no sé porque no tienes novio!,¡pinches queretanos!, ya dije, te voy a llevar un madrileño, la abuela se pondría contenta con ello sabes, ya nos cansamos de verte sola.