*:Alter - Focus:*
Recuerdo este día. Uno de hace varios antaño, después de un rave en Guanajuato entre los túneles de la ciudad, enrumbamos las ruedas mi primo Maki, varios amig@s y yo, todavía con los beats circulando por nuestras venas, hacia la casa de la abuela.
Sabíamos que a la hora de esa mañana que comenzaba a asomar los primeros rayos del sol, ella se encontraba en la cocina preparando el desayuno. Vaya mujer tradicional y de fuerte carácter, con el mandil en el pecho, amarrado a su cintura y cuello.
Limpia, tanto que su trenza canosa y con cada cabello en su lugar, le daba un tono plateado durante su movimiento de la mesa donde picaba la cebollas y el jitomate, a la estufa donde se guisaban los alimentos, que al olfato eran ya un deleite.
Lo más exquisito, era su sonrisa amplia y esos ojos pequeños con los que a pesar de su edad, bordaba las carpetas más elaboradas de ese pueblo, y a pesar del cansancio, su carácter era tan claro, que no omitía las verdades, a pesar de los dolores que pudiese causar.
Su mesa siempre tenía un espacio para alguien más, y sus manos las fuerzas suficientes para seguir formando sus deliciosas tortillas especiales para sus nietos. Esa abuela mía, a la que escribía todo aquello que se me ocurría.
Un ser tan lleno de encanto que conquistaba a cualquiera, mis amigos decían que era la novia perfecta, para mí, ES la abuela experta, paciente, sonriente, contenta, conciente y siempre alerta.
Estas fotografías son de aquel momento en que todavía pudimos abrazarla en masivo y escuchar su felicidad de cerca a nuestros oídos, ahora la escuchamos entre los ecos del viento.
Este fin de semana estaré nuevamente bajo ese cielo esplendoroso y de clima cálido, mis familiares y yo, la recordaremos exactamente igual que cuando su presencia era como el perfume más agradable.
Sabíamos que a la hora de esa mañana que comenzaba a asomar los primeros rayos del sol, ella se encontraba en la cocina preparando el desayuno. Vaya mujer tradicional y de fuerte carácter, con el mandil en el pecho, amarrado a su cintura y cuello.
Lo más exquisito, era su sonrisa amplia y esos ojos pequeños con los que a pesar de su edad, bordaba las carpetas más elaboradas de ese pueblo, y a pesar del cansancio, su carácter era tan claro, que no omitía las verdades, a pesar de los dolores que pudiese causar.
Un ser tan lleno de encanto que conquistaba a cualquiera, mis amigos decían que era la novia perfecta, para mí, ES la abuela experta, paciente, sonriente, contenta, conciente y siempre alerta.
Estas fotografías son de aquel momento en que todavía pudimos abrazarla en masivo y escuchar su felicidad de cerca a nuestros oídos, ahora la escuchamos entre los ecos del viento.
Este fin de semana estaré nuevamente bajo ese cielo esplendoroso y de clima cálido, mis familiares y yo, la recordaremos exactamente igual que cuando su presencia era como el perfume más agradable.
Fotos: Ana Soria – Gracias Maki por recuperarlas -.
3 comentarios:
Creo que de las personas que más extraño son mis abuelas. No puedo olvidar todos sus consejos y su disponibilidad para cuidar de su nieto. La cocina era lo mejor de ambas, tantos años de experiencia, tantos conocimientos en el fino arte de cocina mexicana, y tanta disposición para hacer todo esa comida en las reuniones familiares. No recuerdo una sola ocasión en la que estuvieran enojadas, siempre tenían sonrisas para compartir.
Por cierto.. me cambie a blogger...
Que bonito post, un abrazo.
Me conmoviste zonza, lo logras cada vez que desbordas sentimientos en lo que escribes, no sé porque no tienes novio!,¡pinches queretanos!, ya dije, te voy a llevar un madrileño, la abuela se pondría contenta con ello sabes, ya nos cansamos de verte sola.
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