Ante el crecimiento constante de las sociedades, vivimos en un mundo de “ruidos” con los que convivimos diariamente, no sé si lo sabías, pero algunos de los que consideramos normales y de hecho disfrutamos puede llevarnos a perder un porcentaje importante de nuestra capacidad auditiva e incluso modifica la relación que tenemos con los demás... ¡enterate!.De acuerdo a los datos de la Organización mundial de la Salud (OMS), casi el 80% de los habitantes que viven en las poblaciones urbanas, están expuestos a la contaminación sonora, es decir, los impactos sonoros con los que transita eventualmente, son superiores a los recomendados.
En este sentido, algunos investigadores en el tema, han afirmado que el ruido influye negativamente en nuestro organismo provocando desequilibrios fisiológicos, por ejemplo la pérdida de un porcentaje importante de la capacidad auditiva, dolores de cabeza, estómago, alteración de la presión arterial, estrés, falta de sueño, y no sólo eso, también repercute en nuestro estado psicológico, generando depresión, irritabilidad, cansancio, dificultades de comunicación, conductas agresivas o depresivas, falta de concentración, entre otros ejemplos.
Los daños también pueden proyectarse en los aspectos sociales, culturales, económicos y estéticos puesto que la tendencia humana de ayudar al otro disminuye o desaparece, reapareciendo en el momento en que se suprime la presión sonora, es más el aprendizaje en áreas ruidosas es más lento.
No obstante, podemos hablar de otras fuentes de ruido que se podrían controlar si es que quien las promueve estuviera al tanto de los puntos que hemos abordado hasta ahora.
No es por “satanizar”, pero por poner sólo algunos ejemplos, cuando somos pequeñ@s y acudimos a las fiestas de cumpleaños de nuestro amig@s nos encontramos con el “payasito” que nos hace responderle a “grito pelado”, los juguetes que nos traen los “reyes" a veces hacen “efectos sonoros” que más que incitarnos al juego, nos aturden, más grandes, nuestra asistencia a los “antros” se hace cotidiana, lo que tal vez no sepas, en este último ejemplo, es que para que nuestra sensibilidad auditiva se recupere de una noche de “party en el antro” requiere de por lo menos 36 horas.
El proceso de deterioro auditivo es paulatino ya que puede tardar varios años en mostrar las primeras secuelas, lo que sucede es que no nos damos cuenta porque el oído se adapta y se va acostumbrando a los “malos tratos”, lo cuál no indica que se llegue a un daño estático, desgraciadamente nos damos cuenta de ello cuando ya es demasiado tarde, cuando la afectación en las células sensoriales del oído interno es irreversible.
En otras ocasiones la exposición a ruidos de poca duración, pero de gran intensidad, precipitan este trastorno irreversible y para el que no existe tratamiento alguno. Estos problemas se han incrementado recientemente, por lo que ya se habla de socioacusia, para referirse a la disminución auditiva o a la pérdida total del oído debida a causas sociales.
Afirman los especialistas que la gran mayoría de los jóvenes tenemos un oído mucho más viejo del que correspondería a nuestra edad fisiológica.
Para poder prevenirlo, especificaré los grados de ruido que el oído humano tolera:
1. De 20 a 30 decibles se desenvuelve una conversación amable, puntuación que está calificada entre lo ideal aceptable para nuestro oído.
2. De 40 a 50 decibles, música a un volumen moderado y los diálogos que se hablan en una representación teatral, entran en lo máximo tolerable.
3. 60 decibeles son los ruidos urbanos y una voz demasiado alta, lo cuál se considera como el factor para la reducción en la capacidad de trabajo y también propicia una actitud de molestia en las personas.
4. 80 decibeles tiene la alarma de un reloj despertador y una calle muy transitada donde la conversación a penas alcanza a distinguirse, la actitud generada a partir de estos escenarios es de irritabilidad.
5. De 100 a 120 decibeles, el motor de una motocicleta, la música de un auto que se escucha a una cuadra de distancia, la música en los antros, ya se considera perjudicial a muy perjudicial.
6. 130 decibles como un golpetear de un martillo, son los que ya provocan dolor.
7. 140 decibles, como un taladro en acción, provocan ya lesiones al oído.
8. 170 decibles como el disparo de una ametralladora hablan ya de lesiones graves a nuestra capacidad auditiva.
9. 180 decibles como el disparo de un misil puede causar la muerte.
Sino lo sabías, ahora ya cuentas con información que te puede ayudar a prevenir mayores lesiones que posteriormente puedas llegar a lamentar, así que mejor ¡cuidate!, para que puedas seguir disfrutando de lo que escuchas e incluso puedas hacerlo de lo que no te has percatado hasta ahora.
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