septiembre 08, 2009

De adentro hacia afuera...

*:Alter - Focus:*


Afuera el frío del otoño comienza a dejar sus primero rastros en las gotas de la llovizna que moja el asfalto de la calle en la que ya no hay murmullos, ni siquiera la de los perros y gatos en los tejados, más bien, suena a una ciudad que comienza a dormirse en el transitar de las luces celestiales que se mueven centímetro a centímetro, para dar paso a las pinceladas de una mañana que se antoja helada.

Tan fría como las noticias sorpresivas y angustiantes que han llegado a sus oídos casi consumidos por los silencios a los que desea descifrar, para entender porque es el estado en el que su estancia es más placentera que el tener que decir para demostrar.

No cabe duda que este mundo es el de las palabras, para agradar o para odiar solo hace
falta angular los enunciados con el verbo adecuado, y sin embargo, en los silencios está la calma, la sabiduría, la conciencia, el amor y la salud para continuar en este mundo que aparentemente se deshace porque no encuentra la ecuación adecuada, para la solución iluminada a sus males.

Pero no es una situación numérica, porque aunque estemos gobernados por los números, esta es la era de la conciencia, y a la vez de volver a creer en las pequeñas cosas, casi como regresar a la sensibilidad infante para poder cambiar.

El cáncer, una palabra tan fuerte la abruma, lejana y pegada en un ser querido que no desea ver en otro plano que no sea este, aunque suene a una afirmación egoísta, lo cierto es que teme que su mundo vuelva a quedarse tan oscuro y árido como la caverna del viejo cerro en el que sollozó alguna vez.

Sin embargo, las palabras de los sabios y de sus lecturas, le han hecho recordar lo que aseguraba Jung en su momento: "quien mira afuera duerme, quien mira hacia adentro despierta", una ventana que no conduce al egocentrismo, sino a la reconstrucción de la implosión.

Ausencias de pronto, cuestionamientos a diario. La energía de este planeta se está transformando, nos hace sentir nuevamente sensaciones que parecían extintas en el mapa de nuestro esqueleto.

Hay luces que se van apagando cuando nuestros sentimientos por alguna razón son eliminados, y en la tarea de la experiencia, concebimos que es mejor no mostrarlos más por el dolor que nos provocaron en su momento.

Ahí, debajo de la gran coraza que se arma para protegernos están temerosos de exponerse nuevamente a una caricia, una mirada, a palabras que preferimos que no sean mencionadas porque lastiman cuando esos aprisionados desean salir a aceptar, pero la razón siempre los devuelve a su guarida.

Las cosas cambian, siempre se mezclan y dentro de lo malo, siempre hay una parte buena que hace el equilibrio, sin embargo a veces no arriesgamos porque preferimos asegurarnos de que mostrarnos no equivaldrá a una herida más. Ver su mano cerca tal vez ayudaría un poco más.

La quietud sigue afuera, y mis dedos no han podido dejar de teclear lo mucho que han reservado. A veces me ausento, pero mi mente siempre está en constante movimiento, pensando, creando, descifrando, entendiendo, cuestionando.

Este siempre será mi mejor refugio en letras. Estoy de vuelta.




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