Trascurría el partido de fútbol entre la Selección Mexicana y la de Uruguay – un fin de semana de Junio -, justo cuando Neri Castillo anotó un golazo. Sin poner mucha atención al encuentro, platicaba con mi hermano Enrique acerca de la política local, mientras me escuchaba atento y con algo de risa por mi postura de aprendiz en este escenario.Jaime, - otro hermano -, solamente nos escuchaba y volteaba de vez en cuando a vernos, no muy interesado. De pronto mi má me llama desde su habitación:
- ¡Hijaaaaaa, puedes venir a ver si estoy viendo, lo que veo!. Me llamó la atención el tono de su voz sorprendida y temerosa. Me incorporé e hice contacto visual con Enrique. No dijimos nada, sólo nos levantamos. Jaime, ni nos peló, seguía enlelado con el partido, eso si, con el control de la tele resguardado en sus manos. Saqué de inmediato la cámara de mi bolsa y subí corriendo catorce escalones, y corrí a través del pasillo hasta llegar al ventanal de mi má.
La encontré impávida, e incluso pálida mirando hacia el cielo, hacia al sur oriente de la ciudad, justo en el cerro del Tángano, - una reserva forestal esplendorosa -. De momento no vi lo que me señalaba, me decía insistente - ¡ahí, ahí!, ¿qué no ves? -. El cielo estaba comenzando a despejarse de nubes de vapor blanco, y me lastimaba la tonalidad de luz que tenía, pero conforme mis ojos se acostumbraron, vi “algo”.Para entonces, mi hermano Enrique, ya estaba instalado entre mi má y yo. En mano tenía sus binoculares. No sabíamos ninguno de los dos de que se trataba cuando estábamos en la sala y supusimos que teníamos que registrarlo.
Encontramos en el cielo, una especie de globos plateados en serie, sino me equivoco eran como 7, dos grandes y cinco que se encadenaban a ellos, los primeros abajo y los demás flotaban por encima.
Mi hermano nos prestó los binoculares. En mi oportunidad, pude acercar la “forma encadenada” , pero nunca pude enfocar ni la lente, ni mi vista, para determinar “de que se trataba”. Alrededor de 5 minutos permaneció inmersa en una nube y posteriormente salió, pero solamente una de las grandes, que es la que logre registrar con mi cámara.
Entre mis primeras “hipótesis de inexperta en lo paranormal”, concluí en que se trataba de globos, pero recuerdo cuando enviaba mi cartita a los reyes en uno, la esfera seguía la dirección del viento y este mantenía un ascenso en línea recta, mi má dice que se mantuvo así desde que salió entre las faltas del cerro del Tángano, a pesar de que hacía viento, pues el cielo se despejó.No supimos que era, pero fue interesante sentir que podía ser alguien que nos estaba viendo desde el sur oriente, hacia el centro de la capital, ¡justo en la ventaba de mi má, y nosotros lo estábamos viendo también!.
Hubo un momento en que las palabras estuvieron de más, y en silencio nos mirábamos constantemente, para compartir nuestras propias teorías. ¿Qué crees que sea?…




Fotos: Ana Soria
1 comentario:
Aplicando la navaja de Occam, me parece que son naves extraterrestres que alguna civilización extragalactica mandó para observar (como a animalitos de zoológico) a los humanos, violando para ello la teoría de la relatividad, la entropía pero a su vez, usando agujeros de gusano (teóricamente plausibles según la teoría cuatica) o siguiendo algún filamento derivado de la cosmología que predice la teoría de cuerdas.
Si no, cómo explicas el exito del "científico" maussan????
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