
Los espacios son cada vez más reducidos en este plano, menos propicios para en ente extraño, que revive a la luz de los sueños y las letras que a la vez, se convierten en hielo afilado que lastima un corazón fatigado del ahora, con menos fuerza para latir mañana. Me guardo en un caja de cartón que encontré tirada en un callejón, mientras hurgaba por respuestas en el empedrado con olor a noche fría, entre los coros y lamentos de una ciudad que duerme. Esconderé el nudo en la garganta y dejaré lágrimas encerradas entre las nubes para fluir en la lluvia, dispersarme en vapor y después SER, nada.
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