Alguna vez, se construyó una gran barrera, la cuál, ni los latidos del corazón podían mover algún bloque, era complicado que alguien pudiera brincar de su espacio hacia el oculto.
El temor por abrir las puertas al sentimiento la hacían permanecer intacta, rígida, inquebrantable; en el fondo, yacía un corazón que sin esos bloques sólo era fragilidad y vulnerabilidad.
Pero llegó el momento en que los latidos del corazón fueron tan intensos, que los bloques cayeron y ahí quedó tendido, a la postre de quien provocó este derrumbe y entonces supo que sólo quería sentir.
Suspiros, roces, miradas, algunas voces que con el tiempo se alejaron y no volvieron más, los latidos continúan pero ahora están lastimados a la postre de alguien que quisiera tomarlo y cuidarlo.
Sin embargo, ha pasado el tiempo y han pasado sobre él, se duele, se aflige, se enferma, se deprime.
Dicen que amar es maravilloso
no obstante, también digo
que amar duele... y duele mucho
sobre todo, cuando tus sentimientos
no son compartidos
ni correspondidos...
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