Prefiero vestir cómodamente, y es que mis actividades desde que recuerdo, han sido y son muy “movidas” y requieren que lleve puesta ropa que me permita moverme y ahora mucho más que me dedico al ejercicio periodístico.
Como “super reportera” ando del “tingo al tango” buscando al nota; por la fuente que me toca (la presidencia municipal de Querétaro) tengo que corretear a los funcionarios públicos “sacatones”.
Haciendo una revisión de mi guardarropa, hay muy pocos escontes, creo que porque hay muuuuchos “mirones” en esta vida y prefiero esconder mis encantos, por ello prefiero los cuellos de tortuga, así me cubren mi pielecita que es alérgica a casi todo, pero más al sol.
Las faldas... ¡NOOOOOOO!, tengo piernas color “gasparín”... ¡estáaaaaaa bien! para quien no entienda, las tengo transparentes, lechosas, blancas... y aunque en ocasiones si me pongo faldas ¾ o largas hasta los tobillos, las mini, mini, no me gustan, imagínense... la mayor parte del tiempo tengo que subir y bajar las escaleras de un edificio (centro cívico) de 3 plantas, las escaleras son de caracol y sólo tienen un barandal que deja que te vean todo desde el “lobby”, ¡no gracias!, prefiero mis jeans de mezclilla consentidos. Aunque bueno, cuando me pongo las pocas minis que tengo, pues me pongo mallas, porque a parte de todo soy friolenta y en estos inviernos helados mis piernas se ponen moradas ¡QUE HORROR!.
De plano, no he aprendido a caminar con tacones altos, en mi graduación compré unas bonitas zapatillas de princesa “pobre”, con un taconcito muy “mono” como de 5 centímetros, pensando que los aguantaría toda la noche... ¡mmmmuajá!, a la mitad de la fiesta ya me las había quitado y bailé con ellas en mis manos, mientras que mis tamalitos (osease mis piecitos) descansaban... y con las prisas de mi chambita, pues cualquier obstáculo puede ser mortal si traes tacones, por ello prefiero mis tenis o zapatos de niña lela para poder correr velozmente, sobre todo en los operativos a los que de repente nos invita el secretario de seguridad pública municipal, ya que con unos tacones monones de niña bien, pues la verdad, al subir el primer escalón sufriría una fractura de tobillo.
En fin... hice un examen de conciencia y no lo voy a negar soy media pandrosa, lo que no quiere decir que sea “fodonga”, no salgo de mi casa, sino me baño, me perfumo, me maquillo, plancho mis garritas y las combino, no creo tener mal gusto, sin embargo, mi “pá” quiere verme como una princesa, con la crinolina y la corona de reina de la primavera o de la flor más bella del “ejido” jajajaja y pues no, le salió una hija que compitió en atletismo con hombres, jugó fot – ball, basket ball y ahora en capoeira me enfrento a la par con niños y niñas, aunque anticipo que también estuve en actividades para niñas como gimnasia, jazz, ballet, tejidos y bordados en donde por cierto nunca terminé mis trabajos jajaja, pero aún así, “pa acabar pronto” soy un poquitllo el dolor de cabeza de mis papás en ese sentido.
Así que decidí darles gusto solo un poco, hoy me fui de compras para escoger el vestidacho para la graduación de mi hermano y aproveché para comprarme otras ropillas para comenzar bien el año, lo raro es que escogí escotes, tacones y color “rosa” jajajaja, ¡PERO ACLARO!, todo con un toque “hippieoson” para no perder la costumbre y que se vea que soy yo realmente y no que me vena como “disfrazada”; hasta eso, cuando me probé los modelitos no me sentí rara, me agradó ver algo diferente en mí, a ver que tal, de alguna manera creo que debo de ir agregándole algo de encanto a mi imagen, aunque lo más maravilloso es que sé que no es todo lo que soy.
A pesar de ser una situación totalmente superficial, si admito que últimamente me estaba olvidando mucho de mí, he de reconocer que soy vanidosa, pero no para que la gente me vea, sino para sentirme bien conmigo misma, sin embargo, en ocasiones se te olvida un poco el valor que debes darte a ti mism@; y bueno, este viajecito de compras me hizo darme cuenta de que tengo que valorarme más, de consentirme más, de exigirme más, y así poder dar más a los demás...
...no por comprar 2 o 3 harapos
quiere decir que me cambie la vida,
es más bien lo que envuelve y hay de fondo,
fue darme cuenta de que por estar en todo,
no estaba para mí y me descuidé.
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