mayo 12, 2009

Dos ángeles me visitan…

*:Alter - Focus:*

Cuando los vi, recordé el cumpleaños de David en la casa que tiene en Humilpan. Un seis de enero de un año que no me acuerdo, en ese municipio pequeño, silencioso y lleno de vientos inesperados que a veces calaban hasta los huesos. A través de Elías –con quien compartí mesa un buen tiempo en la Universidad-, conocí a David y desde entonces, a todas las fiesta íbamos juntos. Ese día en la fiesta cumpleañera en Huimilpan, después de la comida la familia de David nos dejó la casa a todos sus amigos para pernoctar, y como infantes nos pusimos a jugar a las “escondidillas”, y a pesar de ser universitarios, eso no nos cohibió, porque nunca dejamos de ser un poco niños. Para hacerlo más interesante apagaron la luz. Para mi era un laberinto la casa. No reconocía los espacios, me eran ajenos, y aún así, corrí hasta la parte trasera, a un enorme jardín para que perderme. En efecto fui la última a la que encontraron con cara de dolor. Mientras corría para buscar mi escondite secreto, me encontré inesperadamente con un canal al que me caí, me golpee mi pierna. Con todo, guardé silencio y esperé pacientemente ser descubierta.
Cuando vimos lo que me había pasado, estaba abierta, hinchada. Me quedó una cicatriz enorme, no pudieron ponerme unos puntos por el tiempo que pasó entre la caída y mi atención médica. Hoy vinieron a visitarme al periódico, porque desde que tenemos que asumir el papel de adultos en el trabajo, nos vemos realmente poco. Platicamos sentados en la mejor banca de la sala VIP, en la banqueta de entrada jajaja, nos reímos, nos preocupamos, nos alegramos, nos abrazamos, nos extrañamos y quisimos perpetuar este momento, con la promesa de irnos a bailar dentro de poco, tal vez el sábado.


Fotos: Elías Guerra-Ana Soria

La canción recurrente entre los tres en nuestra época de universitarios adoloridos -que no se nos ha pasado, solíamos aullar jajaja: crash and burn de savage garden. Se cumple la letra, porque cada vez algo malo nos pasa, nos buscamos. Son amigos a los que nunca olvidaré.

1 comentario:

Xekú dijo...

Que gusto vete sonreír mi Andrómeda iluminada, y que agradable volver a toparte y platicar sobre esos temas que tanto nos llenan de cuestionamientos, como el mensaje que me enviaste recién. Estoy por abrir un grupo de meditación y me daría mucho gusto que pudieras asistir, porque he pensado en prepararte para que lo guíes, necesitas salir de esa rutina laboral y llenarte de un nuevo aliento. Piénsalo. Luego te busco.