Unas lágrimas nocturnas antelaron lo inevitable, lo que a mano de la humanidad es incontrolable, a pesar de que la vida pasa a como si cada decisión programada marcara la ruta de la existencia. Hay escenarios inesperados que cambian el libreto y no siempre se puede superar la metamorfosis repentina.
Una luz se apagó en este plano, para iluminar toda una eternidad, ese manto azul de las noches oscuras en donde volará con sus alas extensas, libre, feliz.
El verbo extrañar dice presente, y el recuerdo se perpetúa sólo con las ventanas al pasado, hay que regresar por ese camino angosto de la memoria para revivir lo que adelante no está más.
Te extrañaré siempre abuela…















