abril 08, 2007

En la ciudad que me come…

*:Alter - Focus:*

Y estuve ahí, justo en la ciudad que fue construida sobre un lago, a través de islotes en la zona donde el agua con poca profundidad cubría la mayor parte del Valle de México. Justo en donde los aztecas cultivaban flores y plantas medicinales en sus chinampas.

El Centro Histórico de la capital más activa del país – el DF -, está salpicada de generaciones prehispánicas, conquistadas, novohispanas, mestizadas, modernizadas, y subculturalizadas.

Veo una catedral que es consumida, donde antes yacían los templos y palacios dedicados a otras deidades que fueron consumidas por el catolicismo europeo. Aunque el primer cuadro sigue dividido en barrios, antes denominados “capulli”, el barullo de los dialectos autóctonos mutaron por un “español cantadito”, pero aun están los remanentes de la ciudad: los mercaderes.

Enmarcados por los edificios antiguos, - que hablan ya de la conquista - , los rostros se camuflagean con su entorno, y al mismo tiempo no detectan ni siquiera quien pasa a su lado. El Distrito Federal se ha convertido en zombie, cada cual, con su melena o rapado en la cabeza, mueve en diferente ritmo el compás de su esqueleto. Miradas perdidas, algunas iluminadas,
otras apagadas con las que inventé una historia.

Silencio en mi espacio, me provocó estar rodeada de “los otros”, mutismo externo, porque en mi cabeza comenzaban las voces a dialogarme lo que a mi paso sucedía, es delicioso ser observante, escuchante de un bullicio urbano. Estuve rodeada por más de 15 cámaras de seguridad – que son las que conté -, lo cuál me hizo sentir parte de la historia del escritor George
Orwell en su obra “1984”, cuando el gran hermano observa y controla, sólo que la diferencia de los capitalinos me parecieron autónomos.

Mucha gente, muchas tiendas, mucho ruido, espacios cortos de silencios en una ciudad con una vida hiperactiva día y noche… sorprendente.


Fotos: ANA SORIA
La de los comerciantes: ESTRELLA ÁLVARES

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