marzo 25, 2004

Nietzsche estaba medio loquillo, pero a ratos tenía lucidez...

*:Alter - Focus:*

Nietzsche es el punto final, no sólo a la ética, sino a la filosofía clásica. Su visión del mundo estriba no sólo en el definitivo rompimiento con el pasado, sino en la fuerte necesidad de transformar al hombre. Para Nietzsche el sistema se ha llevado al extremo y en su lucha por sobrevivir ha absorbido al hombre, peor aún, el hombre se ha entregado a éste. Cada día que pasa, sólo se observa más resentimiento, más subordinación, más culpa, más supresión de pasión que deja escapar impulsos equivocados. Nietzsche cobra más y más vigencia en el odio y frustración que México experimenta hacia los Estados Unidos, el vecino conquistador; hacia España: los perturbadores del paraíso.

Los individuos nobles son cada vez menos en relación con los espíritus mediocres y débiles que, como son mayoría, ocupan el poder y dirigen el movimiento social. La discusión actual en México acerda del IVA y el triste papel de los "intelectuales" sólo confirma su naturaleza: son tan pobres de voluntad como los dirigentes.

Los valores ascéticos deben volver a dar paso a los valores vitales. La crítica de Nietzsche a la cultura occidental marcada por el platonismo y cristianismo es la subordinación del hombre, su imposibilidad de crear sus propios valores y hacer su futuro a partir de esa muy personal tarea, pues no es posible construir un sentido de la vida.

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