Hay sonidos que nos recuerdan la infancia, imborrables aparecen a lo largo de nuestra vida, como una insistencia a mantener una raíz anclada en ese momento mágico e irrepetible. A veces me cuestiono si será eso, o tal vez que conforme los años pasan, la sensibilidad nos hace presa de los sentimientos más profundos, y nos sumergimos en una burbuja de vulnerabilidades en donde hasta el soplido amerita unas cuantas lágrimas para regar las flores de nuestro parque de experiencias. Últimamente todo parece una lija que elimina imperfecciones, y en el pulir las células de lo que ya no debemos ser, se duelen casi como si estuviéramos arrancando nuestra misma piel. Dicen que es el dolor del crecimiento, pero no recuerdo que en mi pequeña estatura alguna vez haya sentido que mis huesos adolecían su estiramiento. Sin embargo, nadie garantizó que el alma no sintiera su mismo calcio. A dónde van de Silvio Rodríguez me recuerda estos momentos de laberintos en mi existencia... busco, busco, regularmente encuentro, pero aquello que quiero parece que siempre está perdido. Llega pero opta por irse.
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