En esta ciudad pequeña, es imposible no tener memoria fotográfica. Vi rostros conocidos-de-desconocidos, cercanos de otras fiestas electrónicas a las que he ido. Realmente somos pocos los que crecimos con los raves en Querétaro, y me dio gusto volverlos a ver.
El trance, con sus acordes graves-pausados-intensos, no nos permitía dejar de mover ligeramente los pies, con Samsara en las tornamesas, calentando el ánimo para dejar el escenario a Tini-Tun.
Ojos, sonrisas compartidas, sin la intención de ligar, más que el gusto de compartir la pista coloreada de luces. Era inevitable no sonreírnos entre sí, el progressive-trance-y-algo más de este dj mexicano, nos hizo mover las caderas, las rodillas y los brazos, en esa candencia que caracteriza a los ravers.
Algunas pupilas dilatadas por estimulantes deambulaban sobre la pista, bailando-levitando. Hay movimientos inexplicables que reflejan armonía, es indescriptible, hay que sentirlo-vivirlo.
Tantos recuerdos, tantos beats compartidos en el estudio de la casa de mis papás cuando hacíamos los trabajos, o cuando íbamos a los raves under y nos poníamos a bailar por horas, aunque termináramos con las piernas desechas jajaja, así terminamos ahora jajaja.
La condición física no se pierde mientras las tornamesas giran, mientras quien mezcla aporte el sonido requerido por los danzantes. Más de tres horas bailando. Dejamos la pista del 4play pulida.
Fo
Fotos: Ana Soria y Elías Guerra.
Mientras escucho TranceJay-Foreign Tunes.
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