Pensar, en el ocaso, cuando deviene el cansancio de las horas activas, entre la muchedumbre que camina, desolada hacia el siguiente escenario.
Luces o, sombras, viento o calma, ruidos y silencios en el espacio abierto, sin límites, sin candados, apertura para recibir la
Desde abajo o desde arriba, siempre iluminada, con una cara diferente, pero siempre en el alba, recibe el calor del señor sol, que ilumina del lado opuesto el planeta.
Su manto llega a nuestro espacio, mientras dormimos y entre sueños, intentamos abrir los párpados al sentir detrás su presencia. Sonreímos y le decimos: “Lua, purifícame”.
Fotos: Ana Soria
2 comentarios:
Lua, un bello nombre portugués...
Una sensibilidad tremenda al lenguaje de la luz,del espacio,de la noche y el remover de las sombras!
Mía
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