Desde el ocaso grisáceo, en ese pequeño mundo de la inexistencia, retoñan los tonos intensos y pálidos en quien se traduce en una existencia todavía difusa, incierta y hasta cierto punto anhelada, como después de salir de un baño de vapor, el espejo está empañado, pero con el paso de los dedos, se logra identificar el reflejo. Aún con el caos, que alberga su alma.
La hiperactividad no ha cesado, es más parece que inicia, con esas ansias de estar y no a la vez.
No es posible ante los decretos nocturnos y las afirmaciones matutinas, entre nubes aromáticas de inciensos, se afirma un SI, a las vibraciones que observan detalladamente el movimiento de los cuerpos que se atraen y al tiempo, se repelen, por miedo – es lo más probable -.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario