Hubo una vez en que el cielo era azul, la arena oro y la vegetación hidratada por un verde que transpiraba vida, pero un día, la sequía lo hizo añicos y le retó a sostenerse en pie.
Nada es lo que parece, la fortaleza de los seres vivos es sublime, no importa que el sol sin querer haya causado heridas y desecación en lo que acarició, no importa que las hojas cayeran por los ventarrones y que la lluvia siga ausente... permanece.
Tan firme como el roble que se encuentra en paraíso florido, tan vivo como la sombra que proyecta con la transición de la luz, tan humilde como para soportar los proyectiles al corazón palpitante sin cargarlo de energía negativa, ahí está trascendiendo a generaciones enteras y momentos que quedarán entre sus brazos achicharrados, sin contar, sin decir, pero sintiendo, pensando, creando el resurgimiento en lo que le falta por existir.
Fotos: ANA SORIA
Desierto de Wadley.
2 comentarios:
Hola, espero y tu vida no sea desiertas como el paisaje pero se que no es asi, te mando salu2 y felcitaciones por el dia de la mujer!!!
eres ese árbol, no tengo duda, al verte nuevamente con tu atuendo en negro, los ojos brillantes y la enorme sonrisa, recabo cada una de las palabras en lo que te ha tocado vivir en los últimos meses y creo niña, que este árbol lleno de vida se parece mucho a tí.
ánimo destello de luz.
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