febrero 21, 2007

El viaje de la catársis...

*:Alter - Focus:*

Escaparse de los días citadinos y de estancias prolongadas en una redacción tecleadora, un espacio en que todos danzamos al ritmo en que se genera la información, es bastante catártico, sano y por demás desestresante.

El fin de semana pasado, apresuré mis dedos en las teclas para terminar temprano mis notas del día, y entonces poder emprender el viaje en cuatro ruedas hacia el municipio de Ezequiel Montes, en donde se encuentra el monolito más grande del mundo, en una pueblito folklórico que se llama Bernal, esta enorme piedra llena de marnetismo, que en algún momento franceses trataron de duplicar para llevárselo a su país se llama “la Peña de Bernal”.


Las vibraciones que irradia este pedazo de planeta, es uno de los atractivos principales de Querétaro, de hecho los 21 de marzo, miles de personas suben a la cima y a su falda – porque ya no caben -, para darle la bienvenida a la primavera y entonces cargarse de energía. Es un misterio este lugar, mucha gente ha contado haber visto OVNIS, a mí no me ha tocado verlos, pero sí percibir magia en este espacio.

Por lo menos el águila que guía mi camino, desde una vez que hice mi travesía por el desierto de Wadley en San Luis Potosí – a 5 horas caminando de Real de Catorce – se hizo presente en uno de los espacios en los que me detuve para descansar, pues la subida es bastante pesada, aunque con el viento que se introduce hasta la célula más recóndita de los huesos, es agradable sentir como es que te acaricia y te incita a continuar.

Creo que en este recorrido, volví a escuchar los tambores del huehuetl que coordinaba mis movimientos en la danza, a la que me incluí una vez que estuve en el desierto para hacer un reportaje acerca de esta tradición milenaria, pero que hoy por cambios, falta de tiempo ya no he podido practicar, aunque a cada paso, y en silencio recordé algunas alabanzas – pese a mi agnosticismo -.

Hacia mucho tiempo que no sentía esa amnesia relajante en la que por momentos te escapas de la realidad – y conste que no me metí ningún alucinógeno ¡eh! jajajaja -, es más una cuestión de conciencia, pero sin estar presente, sino más bien volando lejos.

Requiero más momento como éstos, eso de vivir corriendo la mayor parte del día, entre las entrevistas, la redacción de mis notas, en noticiero de radio, la escuela y próximamente la maestría, me va a volver un poquito más loca de lo que estoy – aunque todo lo hago con todo gusto -. Por lo pronto, a principios del siguiente mes, que me dio la luz de vida hace ¡uuuuhhhh!, muchos años, regresaré a Wadley a purificar mi alma, como lo hice aquella vez, y como siento que lo hice en la Peña de Bernal… entonces les contaré.











































FOTOS ANA SORIA

1 comentario:

Anónimo dijo...

Toda una artísta de la lente, de los trazos y de las narraciones que nos hacen vivir lo mismo que tú. Por lo menos en Madrid yacen las pinturas que nos hiciste y han sido elogiadas por nuestras visitas, deberías pintar más seguido amiga, y la fotogrfía insistimos que también es algo muy sensible en tí. La peña de Bernal te cargo de energía, son de las cosas que extrañamos en Europa.