Todos los días ante la puerta, una invitación a la fiesta de coloridos disfraces. lo atractivo radica en ocultar detrás de un antifaz, la luz de una mirada. Del otro lado asustada, no cruzas la línea al circo viviente. Ellos voltean a mirarte con la exigencia de sentirte justo allá, donde todo parece parte del libreto de una historia actuada. Pero no, prefieres la cruda realidad de lo que palpas, quizás sola, en una habitación que huele a humedad de primavera que arde en el termómetro, pero en el cuerpo provoca frío, hasta congelar el esqueleto que tiembla con un corazón en silencio. Aquí, ellos allá. Allá ellos, aquí donde el viento circula libremente y donde el eco es cada vez más denso, aturde los sentidos. Te quedas ahí. Te quedarás volteando a ver sus pasos de reojo, sólo para asegurarte de que no te arrastrarán a su esquina maquiavélica.
mayo 14, 2006
La esquina de Maquiavelo...
*:Alter - Focus:*
Todos los días ante la puerta, una invitación a la fiesta de coloridos disfraces. lo atractivo radica en ocultar detrás de un antifaz, la luz de una mirada. Del otro lado asustada, no cruzas la línea al circo viviente. Ellos voltean a mirarte con la exigencia de sentirte justo allá, donde todo parece parte del libreto de una historia actuada. Pero no, prefieres la cruda realidad de lo que palpas, quizás sola, en una habitación que huele a humedad de primavera que arde en el termómetro, pero en el cuerpo provoca frío, hasta congelar el esqueleto que tiembla con un corazón en silencio. Aquí, ellos allá. Allá ellos, aquí donde el viento circula libremente y donde el eco es cada vez más denso, aturde los sentidos. Te quedas ahí. Te quedarás volteando a ver sus pasos de reojo, sólo para asegurarte de que no te arrastrarán a su esquina maquiavélica.
Todos los días ante la puerta, una invitación a la fiesta de coloridos disfraces. lo atractivo radica en ocultar detrás de un antifaz, la luz de una mirada. Del otro lado asustada, no cruzas la línea al circo viviente. Ellos voltean a mirarte con la exigencia de sentirte justo allá, donde todo parece parte del libreto de una historia actuada. Pero no, prefieres la cruda realidad de lo que palpas, quizás sola, en una habitación que huele a humedad de primavera que arde en el termómetro, pero en el cuerpo provoca frío, hasta congelar el esqueleto que tiembla con un corazón en silencio. Aquí, ellos allá. Allá ellos, aquí donde el viento circula libremente y donde el eco es cada vez más denso, aturde los sentidos. Te quedas ahí. Te quedarás volteando a ver sus pasos de reojo, sólo para asegurarte de que no te arrastrarán a su esquina maquiavélica.
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