*:Alter - Focus:*
Cuando niños, frecuentemente traíamos las rodillas, los codos e incluso la cabeza marcados con cicatrices, raspones o rasguños, los golpes que nos propinábamos gratuitamente a la hora del juego al principio eran rojos y luego “purple” como dicen mis sobrinos, y así se desvanecía poco a poco el color hasta que desaparecían, momentáneamente, porque tardaban más en desaparecer que cuando los renovábamos, todo por andar de traviesos o meternos donde “no debíamos” decía mi abuela.
A veces en una lógica “inmediata” podríamos haber pensado que esos riesgos de lastimarnos desaparecen en la medida en que vamos creciendo, si, tal vez sea así, sin embargo, cuando somos “adultos” cometemos errores o las circunstancias evidencian nuestra incapacidad para esquivar conflictos o bien no entendemos "porque nos suceden determinadas cosas a nosotros" , terminamos con golpes emocionales bastante gruesos.
Cuando somos adultos ya no hacemos tantas peripecias en el aire, o tal vez sí... lo cuál nos da de topes internamente y es muy doloroso, sobre todo cuando no encontramos el camino que pensábamos teníamos identificado y que indicaría el rumbo de nuestra vida.
Me gustaría ser nuevamente la misma “Anna” de hace muchos años o por lo menos adolescente, al menos tenía la ventaja de que nadie me entendiera, pues de alguna manera era “normal” la incongruencia en mi comportamiento y las heridas sanaban y no quedaban por ahí, doliendo por un buen rato.
alter_focus@hotmail.com