Todos estamos llenos de pasado, presente y cada día que pasa, al vaciarnos de esos tiempos, el futuro se evapora en nuestra aura, modificándola de color constantemente, afirmando cada uno de nuestros pasos y quizás haciendo tropezar entre la realidad que agrieta el camino. Eso es lo que somos, lo que nos hace ser es el diario respirar, mirar, tocar, pensar, proyectar y decidir. Y nada es un imprevisto, más bien, la historia está contada, se modifica en la medida en que nuestras ganas crean esencia mágica para lograr cosas impensables.
Cada momento es aprendizaje. Los ruidos nos recuerdan como siente nuestro entorno, los colores, como se transforma, la luz y la oscuridad, son la dualidad que nos indica como complementamos nuestra existencia, pero el silencio, aunque parezca aterrador, es donde gestamos las mejores creaciones de nuestra vida.
El ahora es generoso, aunque haya presentado retos impensables, casi imposibles, lastimeros y llenos de llagas dolorosas con las que parecía que no se podía avanzar. Sin embargo, a lo largo de este andar, el alma se ha fortalecido de vibraciones nobles, leales, ligeras y explosivas que permiten salir del fango más oculto, profundo, y escabroso.
Hoy existe luz, vapor aromático que permite sentir como se llenan los pulmones de oxígeno. Los pasos parecen levitar y las proyecciones siempre indican un gran tramo por recorrer sin el temor, porque en lo aprendido habita la calma y la experiencia como guías.
Lo siguiente es desconocido, pero es esperado con mucho amor, porque desde ahí surgió, desde este corazón imperfecto, pero honesto.
The Child Us de Enigma, recuerda la fuerza de cuando creer es cotidiano, de cuando la esperanza ilumina nuestras miradas, aún en las noches sin luna.
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