Siempre es bueno tener momentos divertidos aunque sea la hora de trabajar... aquí está la mayoría de los reporteros con los que comparto "la trinchera" de la alcaldía queretana en una mañana bastante agradable en el Cerro del Tambor que me recordó el camino de "Real de 14" hacia el desierto de "Wadley", lo cual me remitió a un retorno de unos 5 años más o menos cuando fui a ese lugar "mágico" a investigar toda la "cosmogonía" de la danza "chichimeca" para mi clase de Géneros Periodísticos.Lo que a continuación leerán es el resultado de un "viaje" en el que Leslie y yo cuando redactamos el reportaje no pudimos dejar de plasmar "emociones" por la experiencia que nos representó haberlo vivido directamente y aun el resultado final, se nos quedó corto en palabras.
“El círculo de tradición ancestral: La danza”
“inixtli oyoyotl”
(que tu rostro refleje lo que hay en tu corazón)
El sonido del caracol llama a las almas, hipnotiza a los presentes, los danzantes se movilizan a tomar sus armas, se cercioran que sus huipiles estén en orden, pulcros; según comentan, alistan sus mentes para entrar en contacto, si es que lo han perdido, con la fuerza creadora, dadora de vida, están listos para comulgar con él...
Caminando por las calles adoquinadas del centro histórico, una noche cualquiera, un sonido llama la atención de los caminantes y la curiosidad los dirige hacia la plaza de la Corregidora, en ella un grupo de danzantes realiza un ritual en medio del nebuloso aroma del incienso, el retumbar del huétlhuetl y el vibrar de las cuerdas de la concha.
Los cantos plagados de devoción son oraciones encaminadas a dar gracias, los rostros fijos en las ofrendas colocadas en el piso, arrodillados y con los pies descalzos manifestando recogimiento, evocan la imagen del México prehispánico.
Los curiosos comienzan a congregarse en la plaza, observan de manera atenta al grupo de danzantes, hay quienes contagiados por los sonidos y las siluetas rítmicas imitan sus pasos. Aunque dan la impresión de ser sencillos de realizar debido a la destreza con que los efectúan, los que se atreven a imitarlos pueden constatar que no siempre es así, bromean entre ellos y desisten finalmente de seguir los ritmos limitándose a observar.
No falta el turista que se aproxima al caminante queretano para indagar el significado o las razones por las cuales ese grupo dinámico lleva a cabo ese ”ritual”.
Muchos lo desconocen, forma parte, para ellos, del folklore característico del espíritu de la ciudad que atrae a los turistas, quienes afirman, fue el gancho que los condujo hacia ese lugar en busca de una bonita exhibición.
Distintas son las reacciones de los presentes, hay aplausos, risas, murmullos, comentarios despectivos: “esos indios mugrosos” hasta la indiferencia de aquellos habituados a pasar por el lugar diario y ya no lo encuentran novedoso.
Con sus manos agitan los ayacaxtli, pequeñas sonajas rellenas de semillas que siguen el mismo son; la gente continua atenta, mientras la penumbra de la noche deja sentir el viento helado del otoño que hace ondear las plumas de los penachos, las faldas de las mujeres danzantes y sus largos cabellos.
Un hombre se aproxima a ellos, entre sus brazos carga a un pequeño niño, se dirige a un danzante y le pide que de la bendición a su hijo, el danzante se desconcierta y por un momento duda que hacer, finalmente pronuncia las palabras “Él es dios” y despide al padre quien felizmente se aleja.
Carlos es uno de los integrantes de la danza, sus cabellos largos y castaños casi alcanzan su cintura, el tono cobrizo de su piel contrasta con el brillo de sus ojos a pesar de poseer como barrera unos cristales transparentes. Perfil aguileño, postura firme, manos artesanas pequeñas, rostro apacible, voz suave y armoniosa, acompasada.
Descendiente de la raza chichimeca (que significa: gente de color rojo), trata de preservar la tradición de sus abuelos concibiendo a todas las razas, sea la roja, la negra, la amarilla o la blanca, como una hermandad o unidad y comenta, que la danza es una de las expresiones culturales que se ha transmitido de generación en generación, concebida por las raíces de su cultura como una unidad poseedora de equilibrio, armonía y energía.
Carlos o Cuahuyaotl Ehecatl –su verdadero nombre- reflexiona y asegura que todos somos danzantes, que es necesario estar consciente de que día a día se danza y que más que un acto ceremonial se refiere a una actitud ante la vida.
A pesar de estar inmersos en una sociedad dentro de la cual los hombres no son los que dominan las cosas, sino éstas las que dominan a los hombres, los grupo de danzantes pretenden conservar la visión cosmogónica de la vida; están seguros que pronto el hombre logrará tener una plena consciencia del padre, entonces, conocerá a Dios, amará y respetará a toda su creación.
Este principio está regido por la idea de que los astros delimitan eras y a esta etapa la denominan, el nacimiento del sexto sol. Ese sexto sol dará origen a una metamorfósis en la estructura global, originando un cambio en la conciencia de los individuos, en donde México será el punto de partida para que esto se lleve a cabo pues se considera a la experiencia de vivir en la tierra, como un mundo de transición en el que la enseñanza y el aprendizaje te llevan a un equilibrio con el dador de vida.
Entender la danza te lleva a comprender esta concepción en la que cada uno tiene que cumplir con una obligación para que la armonía de dicha unidad no se pierda. Incluso el saludo acostumbrado entre los danzantes “Él es Dios” es una forma de reconocer que el creador está presente en cada uno de ellos.
Todo tiene una significación, su necesidad de mantenerse en contacto con la madre tierra los vuelve, como designan los antropólogos, nocturnos, o lo que es lo mismo en mayor contacto con la dualidad femenina que está presente en todo lo que realizan.
Así encontramos que cada evolución se ofrece a las diferentes figuras representativas de la naturaleza, ya sea el Sol, la luna, el fuego, la lluvia o a Quetzalcóatl, dirigente espiritual y a la Tonanzi, dualidad femenina de la creación.
Desde la danza, hasta la teología de la cultura Chichimeca, hay una constante búsqueda de la armonía, en donde no hay un pensamiento occidental, no hay búsqueda de conceptos; danzantes e indígenas chichimecas son prácticos, todo lo hacen de manera empírica, mostrando a los individuos “civilizados” que también se puede sobrevivir cotidianamente con esa actitud.
Esa búsqueda de la evolución del hombre, ha hecho que recurran a las plantas de poder, como el Venadito o peyote; la idea espiritual del empleo de dicha planta es el acercamiento al “padre”, sin embargo, esa aproximación también puede hacerse sin su ingestión, al menos esa es la visión teológica que tienen los indígenas chichimecas, quienes utilizan otras plantas como la marihuana, hinojo y romero para hacer curaciones o llevar a cabos sus rituales.
Es necesario purificar el lugar y a los participantes del ritual, para ello la figura de la “sahumadora” que limpia y purifica la danza del momento con los aromas del copal quemándose encima del carbón, es la intermediaria entre la esencia divina y los danzantes a quienes limpia en una especie de bautizo que los prepara para el momento.
Los cuatro puntos cardinales representados por el fuego, la tierra, el agua y el aire en el altar, ubicado al centro del círculo, serán siempre respetados; la danza iniciará orientada hacia donde sale el sol, pues para ellos es lo más cercano a la luz divina.
Los pasos de la danza son mantras en movimiento, es decir, cada movimiento mueve energías que provocan una sintonía con el cosmos, se componen por tiempos en los que hay rangos de equilibrio y energía que se activan en un lugar, para ello, es necesario cumplir un orden en los movimientos que realizan por lo que designan tres cargos: la Primera, Segunda y Tercera Palabra, elegidas entre los danzantes.
La primera palabra, abre la danza y da los cánticos, la segunda palabra, determina que alabanzas y rezos se harán y la tercera palabra cumplen la función de designar a quien le corresponde el turno de danzar al centro del circulo; el elegido especifica cuales son los pasos que se llevarán a cabo, estos se realizan con dos pasos bases que se repetirán durante el resto de la danza y otros más que a su juicio se irán modificando en la secuencia, que dará fin según sea el sentimiento del danzante en ese momento.
Cualquiera que participe de la danza en ese momento puede ser designado para ejecutar cualquiera de los tres cargos, no importa si se es niño, hombre o mujer, indígena puro o mestizo pues la tradición afirma que un indígena no es sólo el que habla un dialecto, o el que se pone un “huipil” y unos huaraches, sino el que ama con todo su corazón el lugar y a su creador, que un indio es aquel que vive de acuerdo a lo natural, de a cuerdo a lo que es suyo.
En la mesa de danzantes a la que pertenece Carlos no hay restricciones para pertenecer a su grupo, sin embargo, él explica que cada mesa de danzantes tienen sus propias costumbres y políticas en la selección de sus miembros, pero ellos no encuentran distinción entre unos y otros pues finalmente la danza une en la idea de que “todos somos iguales, pues fuimos creados por él, pensar que uno es menos o más es juzgar al creador y pensar que es imperfecto”.
Sin embargo, al interior del grupo hay diferencias en cuanto a esa visión teológica, imprimiendo su sello, concepción y ejercicio, pues consideran que cada uno de los integrantes vive su proceso de desarrollo, obedeciendo al justo entendimiento de sus experiencias.
El antropólogo Juan José Barcenas Casas, quien forma parte del grupo de investigadores del Departamento de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Autónoma de Querétaro, realiza una distinción entre los mexicayotl y los indígenas puros chichimecas que conservan la tradición, los primeros han incorporado a la danza elementos de otros grupos como los mexicas o aztecas, que muestran una clara diferencia en sus ritmos, los cuales apelan a movimientos guerreros y han modificado los atuendos; mientras que los que se dicen “conservadores” de la tradición realizan movimientos mayormente pausados y armoniosos entre si y aseguran poseer la verdadera esencia de los ancestros.
Debido a la incorporación de todo tipo de personas en las mesas danzantes, a partir de la década de los sesenta, los grupos son heterogéneos, algunos se han dedicado a estudiar basados en textos científicos cual era la usanza de los que vivían en el mundo prehispánico y pretenden regresar de forma idílica a las raíces ; otros en cambio aseguran que la tradición debe ser enseñada de un padre a un hijo, justamente por esta razón se observa que los danzantes alaban a Santos de la iglesia católica posterior al choque de culturas y conquista de los pueblos.
Aunque afirman los que viven acorde a las ideas teológicas que en la antigüedad no se daban este tipo de distinciones, que fue el pensamiento occidental el que poco a poco invadió las costumbres y la falta de entendimiento provocó pugnas entre los diferentes grupos de la región.
Son varias las diferencias entre ambos y pudiera hacerse una segunda distinción, los científicos y los tradicionales, los primeros desean conocer todos los simbolismos que envuelven a la danza mientras que los tradicionales no necesitan explicaciones, la obediencia a la forma de obrar de la naturaleza es lo que dicta que camino tomarán en la toma de decisiones y por supuesto en la forma de realizar la danza.
Los científicos consideran que no importa el lugar para danzar, que se le danzan a Dios y con ello es suficiente, no requiere de un lugar especifico, los tradicionales conservan la costumbre de hacer peregrinaciones a los lugares que consideran santos, los cuatro principales lugares a los que se dirigen están regidos por ciclos lunares que a su vez rigen las etapas de la siembra, no se cuestionan porque se realizan en esos lugares, simplemente obedecen al jefe de la mesa quien es poseedor de la tradición.
De cualquier modo ambos tipos conviven juntos y a pesar de las pugnas por el poder se sigue teniendo el sentimiento de solidaridad entre ellos con el fin de perpetuar el círculo, figura arquetípica clave de su cultura.
De camino a Wadley, ecuerdo a los tzolziles entre los cerros, con sus trajes de manta con bordados a colores en donde el rojo carmesí abundaba, las piedras sueltas que deslizaban mis pies que me ponían varias veces en riesgo de caer, un camino que duró casi 5 horas, en donde nuestro único alimento eran unas paletas de dulce que por cierto una quedó atorada en mi garganta y nadie se dió cuenta, hasta que de la nada razgo mi garganta y se fue al vacío.
Wadley es un desierto "mágico", con un cielo espectacularmente lleno de estrellas, hasta un satélite logramos ver esa vez y fue la primera ocasión en que vi salir a la luna entre los cerros como suele hacerlo el sol. Un calor intenso por el día y en las noches el viento y el frío hacían su parte.
Recuerdos... aún me veo caminando de regreso, con el sonido del "hue - huetl" en mis oídos mentales mientras subía el cerro del "Quemado", dejando en cada paso la vibración negativa ... me purifiqué...
Pero esta fotografía con mis compañeros, nada se asemeja a ese día, más que la escenografía que me pueso a girar en retrospectiva, en este día fue diferente, estabamos en la capital, ibamos a una gira de obra con el alcalde, en una mañana con cielo despejado a medio nublado, un viento fresco que propiciaba a iniciar un vuelo de águilas para planear, como las que ví en Wadley, con derecho y libertad de ir hacia cualquier punto.
2 comentarios:
Si caray, me acuerdo que salias volando de la universidad para llegar a brincotear como grillo saltarín en plaza de la corregidora. muchos de tus amigos no lo entendiamos porque como que no encajabas en esos rollos -aparentemente- aunque conociendote se entendia tu interes por esa busqueda constante que te caracteriza, eres energía pura amiga de ahi te viene un gran espiritu para ser lo profesional que eres en cada cosa haces. ¡duro con los políticos que son una *^&%$!
Zent
Así es Zent, a veces vuelco en el tiempo y extraño mi inmersión en cosas que hagan crecer mi espíritu, el trabajo cada día me absorve más, pero he buscando hacer de "mis letras políticas" juegos de armonía que me ubiquen justo en el equilibrio, pero además han llegado cosas nuevas, cosas buenas y eso ha impulsado mi vuelo nuevamente, mis alas siguen rotas pero están sanando, después de todo...
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